Me duele la muerte de las ni√Īas y la indiferencia de todos

No pude hacer nada. Mis textos y cuestionamientos a las instituciones de Estado no lograron nada. Desde hace dos a√Īos inform√© sobre centenares de desapariciones, maltrato y ¬†violencia sexual que sufr√≠an las ni√Īas, ni√Īos y adolescentes del Hogar Virgen de la Asunci√≥n. Hoy 40 ni√Īas est√°n muertas.¬† El Estado y la sociedad debimos asumir una responsabilidad compartida y un liderazgo m√°s fuerte.

 

Me duele la muerte de las ni√Īas, porque no pude hacer nada por ellas.¬† Trat√© de sacudir a todas las instituciones involucradas en el tema de ese Hogar, pero a nadie le import√≥.

 

Escrib√≠, decenas de reportajes y notas, gracias al compromiso social que prevalece en La Hora y al acompa√Īamiento profesional de mis jefes, don Oscar Clemente y Pedro Pablo. Quiz√° la cobertura era tan insistente y mi frustraci√≥n tan grande, que hart√© a los funcionarios, al punto que ya ni siquiera permitieron mi ingreso a algunas oficinas estatales.

 

Todav√≠a recuerdo a un comunicador de la Secretar√≠a de Bienestar Social, quien ante las preguntas inc√≥modas a una de las funcionarias ‚Äďhoy detenida-, me dijo con tono grosero que deb√≠a retractarme de todo lo escrito.¬† No debi√≥ decirlo, despu√©s no tuvo argumentos para defender su intenci√≥n de callarme.

 

A√ļn recuerdo a las ni√Īas, ni√Īos y adolescentes, llenos de energ√≠a.¬† Sus risas, sus preguntas y su b√ļsqueda de afecto, aunque fuera de personas extra√Īas. Tan vulnerables a cualquier vejamen y abuso.

 

El Estado es cómplice de lo sucedido, fue advertido en reiteradas ocasiones, pero NO actuó oportunamente.  La sociedad también, porque no se involucró, fiscalizó y se pronunció para detener esta barbarie.

 

No s√© si esta terrible lecci√≥n nos permita aprender algo a toda la ciudadan√≠a. Deseo con todo mi coraz√≥n que las ni√Īas descansen en paz y que sus abusadores enfrenten a la justicia pronto. Todav√≠a tiene que caer la red de trata de personas en su modalidad de explotaci√≥n sexual y reclutamiento forzoso.

 

 

 

 

Entre la desinformación, los prejuicios y la violencia

No quiero terminar esta semana sin una reflexión personal sobre el papel que ejercemos las y los periodistas en Guatemala, donde nos desenvolvemos en medio de la desinformación, los prejuicios y la violencia.

Desde hace algunas semanas inici√≥ la difusi√≥n de mensajes, sobre supuestos atentados, robo de ni√Īos y violencia en general.¬† La desinformaci√≥n bombarde√≥ las redes sociales y¬† los grupos de What¬īs App del gremio.

En las conversaciones internas se discutía sobre si todo lo que nos llega es real o no, y si debemos difundirlo. Es obvio que cualquiera puede caer en el juego de quienes quieren provocar caos, sin embargo, es necesario reflexionar sobre nuestro trabajo responsable y ético para nuestra gente.

Con un mensaje no confirmado podemos crear un ambiente de terror.¬† Es cierto que Guatemala atraviesa por un momento cr√≠tico, pero es importante detenerse y pensar ¬Ņcu√°nto estoy aportando con mi labor? ¬ŅCu√°nto da√Īo puedo provocar por difundir un rumor no confirmado?

Mientras enfrentamos este reto, aparece otro: los prejuicios para informar de grupos de la delincuencia organizada, presidiarios y otras personas que quiz√°s no son bien vistos por la sociedad.

Es verdad, al gremio también nos duele lo que estos seres humanos le causan a otros, cuando extorsionan, matan y violan, pero debemos recordar que para informar tenemos que dejar los prejuicios a un lado, sin transmitir odio.

Para mí también es un desafío, cuando esto sucede mi cerebro emite tanto negativismo, que necesito leer o recordar la comunicación pacífica que promueve la admirada y querida Charito Calvachi Mateyko.

Una de las grandes lecciones que me dejó Charito, fue en 2011 en aquel espacio restaurativo que promovió el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa), la Universidad de La Plata, Argentina y el Sistema de Integración Centroamericana (SICA), sobre la forma cómo podemos informar en estos casos.

‚ÄúPonerse en el lugar del otro. No juzgar, no prejuzgar. Poder mirar el contexto, abrir los ojos, la cabeza y, por qu√© no, el coraz√≥n. Saber que las historias de los otros nos modifican, porque SOMOS el otro‚ÄĚ, nos dijo.

Charito tambi√©n nos inst√≥ a cuestionar permanentemente lo que vemos para poder contar m√°s all√°, desaprender las f√≥rmulas ense√Īadas para contar lo que no se ve y no est√° en la superficie.

‚ÄúLo que no decimos no existe. Y eso que no nombramos, perpetua la violencia‚ÄĚ. Las nuevas preguntas deber√≠an estar orientadas a saber cu√°l es la historia de lo que vivieron las v√≠ctimas y victimarios, c√≥mo llegaron a ese momento, qu√© necesidades ten√≠an y qui√©n debi√≥ cubrir esas necesidades.

 

Dejemos la indiferencia ante el dolor de nuestras ni√Īas y ni√Īos

Todos los d√≠as me enfrento al dilema √©tico sobre si debo o no opinar sobre determinado problema, sin embargo, hoy siento la necesidad de manifestar mi preocupaci√≥n por la situaci√≥n de nuestra ni√Īez, que est√° sometida a todo tipo de abuso, violencia y vulneraci√≥n de sus derechos. Como ciudadana de este pa√≠s, quiero un lugar mejor para nuestra infancia, deseo de todo coraz√≥n que paren los asesinatos de ni√Īos y ni√Īas, el abuso, la explotaci√≥n, la orfandad y la falta de oportunidades. Hoy¬† quiero que cese la indiferencia ante el dolor de nuestras ni√Īas y ni√Īos.

No sé qué de todo lo que he visto o he escuchado me hace escribir estos párrafos, que admito, pueden ser mi catarsis ante la frustración que siento.

La pregunta de la ni√Īa del hogar estatal todav√≠a retumba en mi cabeza ¬ŅUsted es mi mam√°? ¬ŅQuiere ser mi mam√°? La mirada del beb√© desnutrido y los pies descalzos de esos j√≥venes siguen en mi mente.

Me mortifica recordar las palabras del ni√Īo de 13 a√Īos, hijo del inspector policial muerto en un accidente de tr√°nsito; que asegur√≥ frente al ata√ļd de su pap√° que se responsabilizar√≠a de su madre y sus hermanos, mientras yo pensaba ¬ŅC√≥mo? Si es un ni√Īo‚Ķ

No s√© si fue el desfile de ni√Īas rescatadas de aquella tortiller√≠a. Con un su√©ter en la cabeza, sin esperanzas de cambiar el c√≠rculo de pobreza. O las im√°genes de la ni√Īa de 8 a√Īos violada y golpeada por hombres adultos.

Quiz√°s fue el rescate de los cuerpos de los cuatro hermanitos que murieron carbonizados en aquel bus con destino a Ciudad Quetzal, que fue incendiado por un grupo de pandilleros extorsionistas, que castigar√≠an a los socios de la empresa por quedarse con una parte del dinero que seg√ļn ellos, les correspond√≠a.

Talvez fue el ni√Īo de 3 a√Īos que se aferr√≥ al vestido de su mam√°, la viuda del piloto de bus que se lanz√≥ sobre el cad√°ver de su c√≥nyuge y se manch√≥ de sangre.

No sé cuál de todos estos acontecimientos me hacen escribir estas líneas, son tantas experiencias, que a cualquier persona le llenarían de frustración.

Hoy mi mayor deseo es que reflexionemos sobre nuestra responsabilidad como ciudadanos. No deber√≠amos dormir en paz, sabiendo que en este momento un ni√Īo o ni√Īa sufre violencia sexual, es golpeado, abusado, est√° en orfandad o carece de alimentos y de oportunidades para su desarrollo integral.

Es momento de que todos analicemos lo que podemos aportar, o lo qu√© debemos exigir para que cese el dolor de nuestra ni√Īez. Es momento de dejar la indiferencia, alzar la voz y comprometernos como adultos responsables.

Byron Lima: El destino me trajo aquí, pero por algo

” Todos los secretos est√°n guardados en un mismo caj√≥n, el caj√≥n de los secretos, y si devalas uno, corres el riesgo de que pase lo mismo con los dem√°s”,Santiago Rocangliolo

Conoc√≠ a Byron Lima en diciembre de 2008, cuando ten√≠a cinco meses de ejercer periodismo. En mi ingenuidad e inexperiencia ingres√© a Pavoncito, por la graduaci√≥n de un grupo de reos que obtendr√≠an el t√≠tulo de bachiller. Mientras esperaba el inicio de la actividad me encontr√© al capit√°n Lima acompa√Īado de dos de sus guardaespaldas. Conoc√≠ de √©l por los libros, pues en abril de 1998, cuando ocurri√≥ la muerte del obispo Juan Gerardi y se originaron las sindicaciones posteriores, apenas era una ni√Īa a quien le prohib√≠an ver noticias y televisi√≥n.
Mi encuentro fue impactante, había escuchado mucho de ese personaje. Me acerqué a él y le dije que quería entrevistarlo mientras iniciaba la actividad. Iniciamos la conversación. Su actitud no pasó inadvertida, porque era una persona que demostraba mucha cortesía y después cambiaba pronto de temperamento, sin embargo, en ese momento para mí eso era intrascendente.
Nunca publiqu√© la entrevista, que por cierto denota inexperiencia y falta de habilidad para plantear preguntas, pero la guard√© como uno de tantos textos que he conservado en mi carrera. Hoy a 14 d√≠as de la muerte de Lima, me pregunto ¬ŅCu√°ntos secretos se llev√≥ a la tumba? ¬ŅPor qu√© afirmaba con tanta convicci√≥n que no mat√≥ al obispo? ¬ŅPor qu√© culpaba a tantos de su tragedia? ¬ŅPor qu√© contaba verdades a medias?
Esto me conecta de inmediato al libro Abril Rojo y a la frase del escritor peruano, Santiago Rocangliolo: ‚ÄúTodos los secretos est√°n guardados en un mismo caj√≥n, el caj√≥n de los secretos, y si develas uno, corres el riesgo de que pase lo mismo con los dem√°s‚ÄĚ.
Estos son algunos de los extractos de la conversación que sostuve con Lima en 2008.
¬ŅC√≥mo se siente y qu√© hace para sobrevivir en la c√°rcel?
Byron Lima: Llevar las cosas por un buen camino cuid√°ndome de los √ļltimos meses, porque es cuando aparece todo mundo que no quiere que uno salga sabiendo que uno es inocente, creo que hay que darle un poquito a Guatemala de lo que uno aprendi√≥. Aqu√≠ adentro de la c√°rcel yo no le digo que voy a salir rehabilitado, porque yo estaba rehabilitado o sea el destino me trajo aqu√≠, pero por algo. Entonces, pienso en un futuro aportar lo que aprend√≠ aqu√≠ para tener un poquito la imagen de lo que la gente cree que pasa aqu√≠. Hablan muy mal, pero nadie quiere poner el pecho y decir nosotros vamos a ayudar a los presos, es una cuesti√≥n de sociedad, es un trabajo de sociedad, aqu√≠ s√≥lo las autoridades no pueden porque nadie quiere dar un presupuesto para que se maneje una c√°rcel como debe ser. La gente si quiere que no haya violencia en la calle, pero nadie viene aqu√≠ a dedicar un poco de tiempo, a dar donaciones, a dar charlas, talleres, a regalar computadoras, libros y mantener a la gente programada y ocupada, eso es lo que falta aqu√≠, calendarizar una agenda de actividades sociales, culturales religiosas, educativas.

¬ŅCu√°ntos a√Īos lleva encarcelado? ¬ŅConsidera que su sentencia ha sido justa?

Byron Lima: La pregunta es ¬Ņqui√©n mat√≥ al obispo? porque yo en la sentencia no estoy como asesino, ni autor material ni autor intelectual, yo estoy como c√≥mplice, pero ¬Ņc√≥mplice de qui√©n? si no existe autor intelectual ni material, me imagino como el Ministerio P√ļblico (MP) y la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (Odhag) se han de querer sacar de la manga, como tan acostumbrados que est√°n. En el congreso lo dijeron, que el MP busca cualquier cantidad de testigos falsos para justificar su mal trabajo y para conseguir plata y plata y m√°s plata de los tontos que ayudan a un pa√≠s desorganizado con gente tan mediocre dentro de las instituciones con demasiada responsabilidad en la vida de las personas que est√°n aqu√≠ detenidas. Yo le puedo decir que de 100 personas el 40 por ciento son inocentes y talvez el 60 por ciento culpables, pero la mayor√≠a de gente que est√° sentenciada aqu√≠ es por no tener buen abogado, porque no le hacen un juicio en su dialecto, por no tener dinero y por falta de dedicaci√≥n de los juristas, de los encargado de defender, juzgar e investigar.

¬ŅCu√°ndo publicar√° su libro?

Byron Lima: Yo calculo que talvez en marzo de 2010, porque hay que ver donde fue a parar el Capit√°n Lima, si era c√≥mo dec√≠an los de la Odhag, los del MP o algunos periodistas. Yo le puedo decir que a la mayor√≠a ya le cambi√≥ el panorama, empezando porque no se sabe qui√©n mat√≥ al obispo, o sea que pasaron 10 a√Īos y en 10 a√Īos hubo una ineficiencia de la Odhag, del MP y de los jueces de quien se puso a investigar, incluso hasta el FBI, porque no hicieron v√°lidos cuatro informes donde descartan mi participaci√≥n, la de mi padre y la de Obdulio Villa Nueva, quien muri√≥ en la c√°rcel siendo inocente.

RECLUIDO EN DIFERENTES C√ĀRCELES

Seg√ļn los registros del Sistema Penitenciario, Lima ingres√≥ al Centro de Detenci√≥n Preventiva para Hombres de la zona 18 en el a√Īo 2000, en febrero de 2003 fue trasladado a la c√°rcel El Boquer√≥n, mientras que en agosto de 2005 fue llevado a Pavoncito.

En tanto, en diciembre de 2006 fue trasladado a la c√°rcel El Infiernito, en 2007 volvi√≥ a Pavoncito, donde permaneci√≥ hasta el 8 de octubre de 2014, ya que fue trasladado a Matamoros. En noviembre del a√Īo pasado fue llevado a Pav√≥n, donde muri√≥ violentamente el pasado 18 de julio.

 

No era un cuerpo xx, se llamaba Ismelda

La madrugada del 7 de noviembre de 2013 fue localizado el cuerpo de una joven estrangulada, semidesnuda y lanzada en la v√≠a p√ļblica, en la colonia El Tesoro en la zona 2 de Mixco. Los asesinos trataron de justificar su muerte dejando una nota que literalmente dec√≠a ‚Äúpara que ya no anden robando al sector 11 de la Mara 18‚ÄĚ, como s√≠ eso fuera un argumento para actuar con impunidad. Ella no era un cuerpo xx, era Ismelda Aguil√≥n, de 20 a√Īos.
El mensaje era claro. Los sicarios de Ismelda quisieron vincularla con las pandillas y todav√≠a justificar un ‚Äúrobo‚ÄĚ en el que supuestamente incurri√≥, sin embargo, lo interesante del mensaje era la legibilidad y la supuesta autor√≠a: la ‚ÄúMara 18‚ÄĚ, cuando quienes entrevistamos a esos j√≥venes que se autodenominan ‚ÄúBario 18‚ÄĚ sabemos que nunca se identificar√°n como ‚ÄúMara 18‚ÄĚ, de hecho no toleran la palabra ‚ÄúMara‚ÄĚ porque corresponde al otro grupo rival.
Esa era la primera pista a seguir del hallazgo de la mujer xx, que fue estrangulada, torturada y con se√Īales de violencia sexual, seg√ļn las im√°genes grotescas que observamos las y los periodistas, aunado al relato de los bomberos.
Después de varias conversaciones con investigadores de la Policía, trabajadores de funerarias, cuerpos de socorro y vecinos, la historia de la joven xx fue tomando forma y finalmente llegué a lo que necesitaba saber, su identidad.
Tras conocer su nombre y gracias a la colaboración de muchas personas, encontré a la familia de la mujer que no era ninguna xx, sino Ismelda Aguilón.
Seg√ļn familiares de Ismelda, en julio de ese a√Īo recibi√≥ amenazas de su exconviviente, quien la amenaz√≥ con que le quitar√≠a a su hijo, pues ella hab√≠a iniciado un noviazgo con otro joven.
De acuerdo con los relatos, la relaci√≥n sentimental de Ismelda con el padre de su hijo, inici√≥ cuando ella ten√≠a 11 a√Īos y √©l 23. A pesar de la gran diferencia de edad, el hombre la convirti√≥ en su conviviente y la sustrajo de su entorno familiar.
‚ÄúEl muchacho nunca me quiso dar la cara. Hasta cuando ella ten√≠a 14 a√Īos me vino a buscar. Mi hija ven√≠a toda golpeada y delgada porque el hombre no la dejaba salir, la trataba mal y le pegaba. A los 16 a√Īos se volvi√≥ a ir, el hombre me vino a amenazar y me dijo que me iba a matar a m√≠ y a mi familia si yo no le entregaba a mi patoja.¬† Yo lo que quer√≠a era que se casara con ella porque se la llev√≥ de 11 a√Īos‚ÄĚ, me explic√≥ Mar√≠a del Carmen, mam√° de Ismelda.
El tiempo transcurri√≥ e Ismelda logr√≥ separarse del padre de su hijo, sin embargo, constantemente lamentaba el tiempo que vivi√≥ con √©l y el hostigamiento al cual segu√≠a sometida, seg√ļn lo expres√≥ su madre.
‚ÄúDos meses antes que le pasara esto ‚Äďla mataran-, ella puso un himno de alabanzas cristianas, despu√©s la o√≠ llorar y le dije: ¬ŅPor qu√© est√°s llorando?¬† Porque si este hombre no me hubiera cortado las alas, hubiera podido volar, habr√≠a sido otra persona‚ÄĚ, relat√≥ Mar√≠a del Carmen.
La joven desapareci√≥ d√≠as antes de su muerte. Una de las versiones indica que fue vista por √ļltima vez junto a Jennifer Lorena Ical Soto, de 15 a√Īos quien tambi√©n fue encontrada muerta el 7 de noviembre. Ical rentaba la casa junto a la familia Aguil√≥n.
En los archivos de la Polic√≠a Nacional Civil (PNC), no se encontraron antecedentes policiales de Ismelda ni v√≠nculos con las pandillas, seg√ļn una fuente confiable de la Polic√≠a que consult√© en aquella ocasi√≥n.
La muerte de esta joven, es una de los aproximadamente 700 decesos de mujeres que ocurren anualmente en el país. Los escenarios manipulados, la confusión y los estereotipos son los grandes desafíos para nosotras y nosotros, el gremio periodístico.

No somos jueces, somos periodistas

Ejercer periodismo es simplemente maravilloso y gratificante, con nuestras palabras, preguntas e investigaciones, podemos aportar mucho en la construcci√≥n de un pa√≠s m√°s justo y equitativo, pero en medio de todo esto a√ļn tenemos un desaf√≠o muy grande: entender que no somos jueces, sino periodistas.
En agosto de 2014 ingresé a la cárcel de Mujeres Santa Teresa para entrevistar a *Luisa, una mujer sentenciada por el robo de un bebé de 3 meses. Tenía muchas expectativas en esa entrevista, esperaba que Luisa admitiera su culpa en el robo.
Un a√Īo antes cubr√≠ el secuestro del infante. Entrevist√© a la progenitora del ni√Īo, una mujer ind√≠gena y de condici√≥n humilde que lloraba desesperadamente. Sin duda, su dolor me conmovi√≥.
Luisa relat√≥ que conoci√≥ a la madre del ni√Īo robado en una cl√≠nica de la capital, que ambas frecuentaban. Su intenci√≥n, jam√°s fue hacerle da√Īo, argument√≥.
Seg√ļn la mujer detenida, un d√≠a el beb√© de tres meses apareci√≥ en su casa porque su hija de 14 a√Īos lo llev√≥. La adolescente justific√≥ que la madre del ni√Īo estaba buscando un empleo como trabajadora dom√©stica y necesitaba que alguien lo cuidara y ella se ofreci√≥.
Sin embargo, diez días después del suceso, la madre del bebé denunció el secuestro de su hijo en los medios de comunicación.
‚ÄúElla habl√≥ de nosotras en un canal de televisi√≥n, dijo que yo ten√≠a el pelo rubio y que mi hija estaba embarazada. Supuestamente el d√≠a del robo yo la agarr√© a golpes y le puse un cuchillo, ni que fuera pulpo para hacer todo al mismo tiempo. No es cierto, a esa hora ‚Äďdel robo‚Äď yo estaba viendo mi telenovela‚ÄĚ, me explic√≥.
Entre otras preguntas, cuestioné a Luisa sobre si no hubiera sido mejor entregar al bebé a la Policía o buscar la forma de aclarar el aparente malentendido, pero refirió que sí envío mensajes de texto a la mamá biológica del bebé, pero no respondió. Poco después fue detenida junto a su hija.
El relato de Luisa concluyó, pero yo salí totalmente decepcionada. Quería que ella admitiera su culpabilidad en el robo y me dijera por qué lo hizo y a qué estructura pertenecía. A pesar de que la mujer detenida ya tenía una sentencia condenatoria por este delito.
Esa entrevista me serviría para publicar un reportaje y concluir con la capacitación impartida por la Iniciativa para el Periodismo de Investigación en las Américas del International Center for Journalists (ICFJ) en alianza con CONNECTAS.
Estas instancias me asignaron a una excelente gu√≠a, la periodista salvadore√Īa Suchit Ch√°vez, quien evaluaba peri√≥dicamente los avances en la investigaci√≥n que realizaba.
Al salir de mi entrevista en la cárcel hablé con Suchit y le dije muy desanimada que me había ido mal. Ella me preguntó las razones, yo respondí que la mujer detenida no había admitido su culpa en el robo del bebé y que siempre sostuvo su inocencia.
Suchit con su amplio talento y experiencia, me dijo que no olvidara que éramos periodistas y no jueces. Luisa no tenía por qué admitir que ella robó al bebé, aunque existieran indicios de que eso sucedió.
Su respuesta me hizo reflexionar sobre el papel que ejercemos todos los d√≠as las y los periodistas. Muchas veces acusamos, sindicamos, estigmatizamos y nos creemos jueces y due√Īos de la verdad, pero estamos equivocados.
Nuestro papel es informar con responsabilidad y conciencia. Nuestro trabajo requiere de investigación, respeto y esfuerzo para darle indicios a la ciudadanía de lo que acontece. Gracias Suchit por esa gran lección.

No fue tu culpa Emilia

Emilia se culp√≥ todo el tiempo, se tortur√≥ argumentando que la muerte de sus hermanitas fue por su falta de cuidado. ‚ÄúNo fue tu culpa Emilia‚ÄĚ, le dijo Alejandra Giraldo, la joven bombera que tambi√©n parec√≠a dolerle la culpa de la ni√Īa de apenas 18 a√Īos.
La escena correspond√≠a al incendio ocurrido el pasado 18 de marzo en un √°rea aleda√Īa del mercado La Terminal, donde murieron carbonizadas las hermanas √Āngela y Ver√≥nica, de 15 y 13 a√Īos respectivamente, quienes eran originarias de Quich√© y se dedicaban a vender caf√© y pl√°tanos.
A pesar de la realidad grotesca observada en el interior de ese comercio, donde yac√≠an los cuerpos de las ni√Īas, donde ol√≠a a quemado, donde los gritos y la desesperaci√≥n se apoderaban de todas las personas; la escena de Emilia y Alejandra me afect√≥.
Emilia insist√≠a en que regresar√≠a al cuarto donde dej√≥ durmiendo a √Āngela y Ver√≥nica, porque seg√ļn ella, las rescatar√≠a del voraz incendio que ya hab√≠a consumido decenas de locales; mientras Alejandra le dec√≠a que no volviera y que la escuchara.
¬ŅQui√©n les lavaba la ropa? ¬ŅQui√©n las cuidaba? ¬ŅQui√©n las llevaba a la escuela? Dec√≠a Alejandra a Emilia, mientras le sosten√≠a el rostro firmemente.
A pesar de los esfuerzos de la joven bombera, Emilia no dejaba de llorar e insistía en que regresaría por sus hermanas.
Dentro de m√≠ pensaba ¬Ņc√≥mo puede culparse alguien tan joven por un incendio provocado por una veladora? ¬ŅPor qu√© es ella qui√©n se atormenta? ¬ŅQui√©n deleg√≥ tanta responsabilidad en otra ni√Īa?
Finalmente Emilia fue traslada a un centro asistencial por los bomberos, mientras que Alejandra con mirada triste se despidi√≥ de la ni√Īa.
Me acerqu√© a la socorrista, quien evidentemente estaba afectada y le pregunt√© ¬Ņc√≥mo ve a Emilia?
Alejandra me respondi√≥: ‚Äútiene sentimiento de culpa‚ÄĚ, est√° muy mal por lo que le pas√≥ a sus hermanas. Es la m√°s grande y cuidaba de ellas. Hoy sali√≥ para llevarle algo a su mam√° y cuando regres√≥ el incendio ya hab√≠a consumido el cuarto.
Indudablemente Emilia necesita ayuda, ella no fue culpable de lo que pas√≥, pero este lamentable suceso marcar√° su vida y le llevar√° tiempo recuperarse. Con este escrito, que tambi√©n es mi catarsis, desear√≠a que alg√ļn profesional en Psicolog√≠a ayude a Emilia a superar el trauma y la culpa. Alejandra Giraldo lo hizo en el momento oportuno, con el aporte de sus conocimientos y de su calidad humana que no pas√≥ desapercibida.
Ella, los bomberos, los polic√≠as y los soldados que aportaron con su trabajo y esfuerzo me devolvieron la esperanza. Pens√©, el amor y la entrega de muchos y muchas guatemaltecas, transforma nuestra sociedad, a√ļn en momentos de tragedia.

‚ÄúLas cosas cambiaron cuando empec√© a matar‚ÄĚ

‚ÄúBuenas tardes se√Īora un/a joven dispuesto/a al cambio positivo le saluda‚ÄĚ, me dijeron al mismo tiempo decenas de j√≥venes recluidos en los diferentes centros correccionales del pa√≠s, quienes con desconfianza y evidente inseguridad se alinearon en filas rectas.
Así inició la primera de varias visitas a los reformatorios para menores de edad, donde gracias a personas que confiaron en mi persona y en mi trabajo, logré recopilar algunas historias de adolescentes en Conflicto con la Ley Penal, quienes antes de delinquir, fueron víctimas de violencia intrafamiliar, pobreza y marginación.
Me impact√≥ mucho la historia de dos adolescente, una de ellas, la de *Jorge, quien inici√≥ a los doce a√Īos a cometer asesinatos por encargo y que despu√©s se convirti√≥ en uno de los sicarios m√°s buscados de una zona marginal de la capital guatemalteca.
Jorge fue un ni√Īo violentado y marginado, que crey√≥ que el respeto se ganaba imponiendo violencia, debido al entorno en el que creci√≥.
‚ÄúMi pap√° nos hac√≠a falta en la casa, yo no le echo la culpa a √©l, pero nunca estuvo conmigo y si estuvo solo para pegarnos, mi mam√° lo abandon√≥ porque no lo soportaba, tomaba mucho ‚Äďinger√≠a alcohol- √Čl tambi√©n se dedicaba al sicariato‚ÄĚ, relat√≥.
De acuerdo con Jorge, algunos de los detonantes, que él considera que incidieron en su conducta, fueron las humillaciones de sus vecinos, quienes después de conocerlo como sicario lo respetaban.
‚ÄúMi familia era pobre y todos me hac√≠an de menos. Yo solo estudi√© hasta primero b√°sico porque mi mam√° ya no pudo pagarme los estudios, despu√©s yo mismo pude hacerlo pero ya no quise, hubo veces que personas grandes le pegaban a mi hermanito peque√Īo, las cosas cambiaron cuando yo empec√© a matar‚ÄĚ, detall√≥.
Seg√ļn Jorge, matar es una pr√°ctica com√ļn en zonas abandonadas por el Estado, donde es f√°cil encontrar que alguien proporcione una pistola y una motocicleta, muchos de los ni√Īos, ni√Īas y adolescentes lo hacen. En su caso cobr√≥ desde Q5 mil hasta Q25 mil por quitarle la vida a otras personas.
Lo que este joven me dijo me record√≥ lo que expresaron representantes del Instituto de Ense√Īanza para el Desarrollo Sostenible (Iepades), una organizaci√≥n que busca la regulaci√≥n de armas de fuego, sobre que en las zonas marginales era m√°s f√°cil obtener un AK-47 que una beca de estudios, ten√≠an raz√≥n.
La historia de Jorge no es la √ļnica, tambi√©n la de *Griselda, una jovencita que intent√≥ trabajar y estudiar para cambiar su historia, pero finalmente cay√≥ en las redes de los grupos delincuenciales que la usaron para cobrar extorsiones.
La vida de Griselda no fue f√°cil, antes de cumplir quince a√Īos ya ten√≠a responsabilidades de adulto, pues ten√≠a que trabajar arduamente con su mam√° para obtener el sustento familiar.
‚ÄúVend√≠a pasteles, compr√°bamos ropa usada con mi mam√° y despu√©s la vend√≠amos. Tambi√©n lavaba ropa ajena y trabajaba en un comedor‚ÄĚ,¬† me explic√≥ Griselda.
Además de eso, era maltratada psicológicamente por su progenitora, una mujer cansada de trabajar, con baja escolaridad, pocas oportunidades y abandonada por su esposo, un hombre que no se hizo responsable de sus hijos.
‚ÄúYo siempre le dec√≠a a mi mam√°: prefiero mil veces que me pegues, que me arrastres por toda la casa, pero no me digas esas palabras.¬† Una palabra duele m√°s que un golpe, el golpe se arregla, pero las palabras lastiman el coraz√≥n‚ÄĚ, indic√≥ la joven.
Hablar con Griselda me conmovi√≥, percib√≠ un arrepentimiento real que me hizo reflexionar ¬ŅQu√© habr√≠a pasado si esta ni√Īa hubiera terminado de estudiar? ¬ŅC√≥mo habr√≠a cambiado su vida si tuviera las oportunidades para un desarrollo integral? ¬ŅQu√© habr√≠a aportado a la sociedad?
Creo firmemente que es urgente que nosotros y nosotras, la sociedad, nos involucremos para buscar soluciones al origen de nuestros problemas. Siempre ser√° m√°s f√°cil juzgar y culpar a la gente, pero eso no nos corresponde hacerlo, por el contrario, si comparti√©ramos un poco de lo que poseemos, ser√≠a distinto. Nuestra participaci√≥n es amplia, por ejemplo, el apadrinamiento o una beca de estudios para la ni√Īez que vive en condiciones de pobreza, la promoci√≥n de programas de prevenci√≥n, el voluntariado y lo m√°s importante exigir al Estado para que cumpla con su responsabilidad.
Hasta el 23 de febrero, un total de 1 mil 110 jóvenes estaban recluidos en el Centro Juvenil de Detención Provisional (Las Gaviotas), Centro Juvenil de Privación de Libertad para Varones II (Etapa II), Centro Juvenil de Privación de Libertad para Varones II (Anexo) y Centro Juvenil de Privación de Libertad para Mujeres (Gorriones).
Seg√ļn la Secretar√≠a de Bienestar Social (SBS) que tiene a cargo los cuatro reformatorios, 951 eran j√≥venes y 149 jovencitas.

El √ļltimo h√°lito de Jairo, el piloto de las Rutas Quetzal

Jairo Jefferson Barrios Yantuche, muri√≥ el d√≠a de su cumplea√Īos, el 18 de enero de 2011, en uno de los municipios m√°s violentos de la capital. √Čl era piloto de un bus de las rutas Quetzal, una de las tantas empresas asediadas por grupos de extorsionistas. Si cualquier ciudadano o ciudadana hubiera tenido la oportunidad de escuchar a la viuda Blanca Salazar se habr√≠a conmovido, ella recibi√≥ el √ļltimo h√°lito de vida de su esposo y todav√≠a relata con profundo dolor lo sucedido.
Una ma√Īana de junio de 2015, llegu√© a la Asociaci√≥n de Viudas de Pilotos, para encontrar una historia que permitiera a los lectores y lectoras dejar de percibir como algo normal las muertes violentas en el pa√≠s.
Ese d√≠a hubo una actividad de apoyo para las viudas y Lilian P√©rez, la presidenta de la Asociaci√≥n me dijo que pod√≠a platicar con varias de las mujeres que asistir√≠an. Me sent√© un momento y observ√© alrededor, y aunque hab√≠a varias viudas en el lugar, fue en do√Īa Blanca en quien percib√≠ una persona muy afectada.
Me acerqu√© a ella y le dije que escribir√≠a sobre las consecuencias de la violencia en los hogares guatemaltecos. Le pregunt√© s√≠ pod√≠a entrevistarla. La se√Īora amablemente atendi√≥ mi solicitud.
Al principio Blanca se mostr√≥ tranquila y empez√≥ a compartir su historia. Me dijo que su esposo, Jairo Barrios perdi√≥ la vida el d√≠a de su cumplea√Īos, frente a su casa. Ese d√≠a no saldr√≠a a laborar y solo entregar√≠a las llaves del veh√≠culo al ayudante quien lleg√≥ a buscarlo.
A medida que la se√Īora Blanca avanzaba en su historia, las l√°grimas iban apareciendo en sus ojos. Dentro de m√≠ pensaba sobre la necesidad que tienen estas mujeres y sus hijos de recibir apoyo psicol√≥gico permanente, pues aunque la Asociaci√≥n tiene alianzas con estudiantes de Psicolog√≠a, no todas las afectadas pueden asistir a sus terapias porque trabajan arduamente o porque no tienen dinero para pagar un bus y llegar al lugar donde reciben apoyo.
‚ÄúYo todav√≠a estaba durmiendo cuando escuch√© los disparos, pero pens√© ¬Ņqui√©n vendr√≠a a quemarle cohetes a Jairo tan temprano? Me sent√© y ya no escuch√© bulla, me cambi√© y fui a lavarme la cara, cuando regres√© la puerta estaba abierta. Jairo estaba tirado, con sangre en la boca, yo lo sent√© y le dije Jairo ¬Ņqui√©n te hizo esto? √Čl quer√≠a hablar, pero empez√≥ a salirle sangre. Yo le dije Jairo no te vayas y √©l solo me dijo mis hijos. Yo le dije, te juro que voy a cuidarlos y defenderlos hasta con la vida si es posible‚ÄĚ, relat√≥ Blanca.
La viuda dice que llor√≥ mucho tiempo frente al cad√°ver de su esposo y despu√©s no recuerda nada porque se desmay√≥. El Ministerio P√ļblico (MP), una entidad afectada por la demora en la entrega de los recursos econ√≥micos para funcionar, y con personal insuficiente para atender los miles de delitos que ocurren en el pa√≠s, lleg√≥ dos horas despu√©s del crimen.
La se√Īora entrevistada dice que sus familiares se hicieron cargo del burocr√°tico proceso de sacar el cad√°ver de Jairo de la morgue del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) para velarlo, cuando el cuerpo lleg√≥ a su casa no pod√≠a creer lo sucedido.
‚ÄúYo lo miraba a √©l y pensaba que eso no era cierto, que no estaba muerto. Me afect√≥ mucho, despu√©s de eso todos me preguntaban si yo hab√≠a visto algo, pero yo no vi nada‚ÄĚ, relat√≥.
Salazar, es madre de una ni√Īa de 11 a√Īos y de un ni√Īo de 5. Tambi√©n es un ejemplo de fortaleza y lucha, ante las dificultades econ√≥micas por las que actualmente atraviesa, pues sola debe pagar la renta de su casa, los estudios y alimentos de sus hijos, aprendi√≥ a hacer antibacteriales y venderlos. La ausencia de su esposo y padre de sus ni√Īos todav√≠a le duele pero busca salir adelante.
‚ÄúLe pido a Dios que me proteja a m√≠ para proteger a mis hijos; me conceda la vida para cuidar de ellos‚ÄĚ, me dijo.
La violencia en los buses dej√≥ en los √ļltimos diez a√Īos, 748 pilotos muertos, seg√ļn datos de la Polic√≠a Nacional Civil (PNC). Es urgente evitar y prevenir la violencia, pero sobre todo, atender a las viudas y a los hu√©rfanos de este flagelo. No es posible seguir tolerando este mal y sus consecuencias, pues decenas de ni√Īas y ni√Īos deben abandonar la formaci√≥n acad√©mica para trabajar y apoyar a su progenitora, o peor a√ļn, nuestra ni√Īez est√° m√°s vulnerable a engrosar las filas de la delincuencia organizada, ante un hogar desintegrado y con pocas oportunidades para alcanzar el desarrollo integral que merecen.

‚ÄúEn mi casa se vivieron tres violaciones, mi mam√° dec√≠a que ten√≠amos que aguantarlo‚ÄĚ

Fue en septiembre de 2013 cuando conoc√≠ a *Luc√≠a, una joven de 25 a√Īos originaria de San Andr√©s Semetabaj, Solol√° y v√≠ctima de violencia sexual por parte de varios de sus familiares. Su relato me conmovi√≥ y me llen√≥ de indignaci√≥n, pero tambi√©n me mostr√≥ la fortaleza de muchas mujeres ejemplo como ella, que a pesar de la terrible experiencia vivida y de los se√Īalamientos que surgieron en su comunidad y en su propia familia alz√≥ la voz para exigir justicia y prevenir a otras ni√Īas.

Era la primera vez que entrevistaba a una v√≠ctima de violencia sexual y no sab√≠a c√≥mo abordarla. Muchas de las personas que ejercemos periodismo no siempre sabemos c√≥mo acercarnos a quienes han sufrido, para ello apliqu√© la ense√Īanza de mi amiga y admirada Charito Calvachi-Mateyko que un d√≠a dijo esta frase que tanto me ha servido: “Ponerse en el lugar del otro. No juzgar, no prejuzgar. Mirar el contexto, abrir los ojos, la cabeza y, por qu√© no, el coraz√≥n. Saber que las historias de los otros nos modifican, porque somos el otro”.

Traté de que usar un lenguaje que no lastimara u ofendiera a Lucía. Ella fue muy amable y notó mi intención. Me dijo su nombre, su edad, su lugar de origen y poco a poco empezó a compartir su terrible experiencia.

Luc√≠a me permiti√≥ publicar su historia, me conf√≠o que fue violada a los diez a√Īos por el hermano de su padrastro, quien tambi√©n viol√≥ a su hermanita de 7 y aunque ella se lo dijo a su progenitora, otra mujer violada por su padre, es decir el abuelo de Luc√≠a, le pidi√≥ resignaci√≥n ante esa situaci√≥n.

“Lo peor de todo es que en mi casa se vivieron tres violaciones. Mi mam√° dec√≠a que ten√≠amos que aguantarlo porque eso le hab√≠a pasado a ella con su pap√°. Mi abuelito abusaba de mi mam√°. En nuestra cultura se da, en mi departamento, en mi municipio. No hay un solo registro o denuncia de abuso sexual, de incesto”, me dijo la joven en aquella ocasi√≥n.

En el caso de Luc√≠a las violaciones empezaron a corta edad y continuaron, pues a los 16 a√Īos su t√≠o intent√≥ violarla.

“Un t√≠o de mi propia sangre tambi√©n lo intent√≥ hacer cuando ten√≠a 16 a√Īos, pero ya me sab√≠a defender. Lo intent√≥ muchas veces, empujaba mi puerta, me atormentaba”, relat√≥ Luc√≠a.

Mientras me contaba su historia la joven tuvo una regresi√≥n a cuando era una ni√Īa y empez√≥ a llorar sin detenerse. Mi condici√≥n de ser humano y de mujer me provoc√≥ sentimientos encontrados de impotencia y tristeza. La abrac√© y me disculp√© por abrir su herida sin intenci√≥n. Ella se calm√≥ y me dijo que parte de su terapia era compartir lo vivido y superarlo.

Cinco meses despu√©s de esa conversaci√≥n busqu√© a Luc√≠a nuevamente y le pregunt√© ¬ŅC√≥mo puede t√ļ ofensor o victimario reparar el da√Īo qu√© te hizo? ¬ŅQu√© quisieras para √©l? La joven respondi√≥: “Le reclamar√≠a el da√Īo irreparable sin pensar en las consecuencias que produjo en mi vida, lo f√≠sico pas√≥, pero el da√Īo psicol√≥gico, emocional ha sido dif√≠cil de reconstruir”.

La afectada quien ahora trabaja para prevenir la violencia sexual en ni√Īas y ni√Īos de su comunidad, agreg√≥: “Yo solo quiero que √©l reconozca lo que me hizo, fui rechazada por pedir justica, por enfrentarlo y √©l nunca lo reconoci√≥. Por lo tanto quisiera que √©l pagara una condena en la c√°rcel por todo el dolor que me provoc√≥, de esta forma podr√≠amos evitar que a otras ni√Īas les pase lo mismo”, explic√≥.

Despu√©s de escuchar el relato de Luc√≠a me pregunt√© ¬ŅQui√©n otorga el derecho de tomar a ni√Īa por la fuerza y truncarle la vida? ¬ŅPor qu√© permitimos qu√© esto siga sucediendo? ¬ŅPor qu√© callar los asquerosos incestos? ¬ŅPor qu√© ver con normalidad tan horrenda pr√°ctica? A todos y todas nos corresponde involucrarnos en este tema y aportar lo mejor desde donde estamos, para evitar que m√°s ni√Īas y j√≥venes sean violadas.

El caso de Luc√≠a es uno de tantos que se registran anualmente en Guatemala, pero no todos logran visibilizarse porque no hay denuncias, sin embargo, el Observatorio de Salud Reproductiva (OSAR) ha logrado evidenciar este problema con el seguimiento a los casos de ni√Īas menores de 14 a√Īos embarazadas. Se estima que anualmente unas 5 mil menores de 14 a√Īos resultan embarazadas como consecuencia de las violaciones sexuales o incestos.

*Nombre ficticio para no revictimizar a la afectada.